domingo, 13 de março de 2011

Diferentes e (des)iguais

Mais um excelente artigo do Prof. Miguel Ángel Santos Guerra (12 Marzo, 2011). A história a que se reporta, talvez muitos já conheçam em powerpoint, no entanto é sempre bom (re)lembrar e (re)tomar valores universais tantas vezes esquecidos e maltratados. Um texto que apela à sensibilidade, ao humano; um apelo urgente à refleção/ação sobre as diferenças e particularmente as (des)igualdades de oportunidades.

Quiero ése!
Creo que el termómetro moral de una sociedad es la atención que presta a las personas con alguna discapacidad. Lo que nos distancia de la selva es precisamente aquello que invierte la regla fundamental de la misma: el más fuerte se come al más débil. Lo que hace que una sociedad alcance cotas altas de dignidad es que los más desprotegidos por naturaleza o cultura son protegidos por el reconocimiento de su idéntica dignidad con todos y todas las demás.

Construir una sociedad justa es hacerla habitable para todos y todas, no sólo para los más fuertes. Una ciudad construida con el patrón de un niño discapacitado puede ser habitada por todos y por todas. Una ciudad levantada para conductores varones agresivos y apresurados sólo puede ser vivida por ellos.

En una sociedad tan individualista y competitiva, tan obsesionada por los resultados, es preciso desarrollar mecanismos que potencien la equidad y el fortalecimiento de las compensaciones sociales.

¿Quién suscribe estas tesis sin vacilación alguna, con plena convicción y entusiasmo? Los padres y las madres que tienen un hijo con alguna discapacidad. Porque saben que, cuando ellos falten, los dejan en una sociedad que va a prestarles una atención preferencial.

Siempre me han merecido una especial consideración los y las profesionales que han querido dedicarse a las personas discapacitadas. No sólo porque he supuesto que les anima una sensibilidad especial sino porque les he visto interpelados por una exigente preparación profesional. En efecto, el amor no basta, siendo éste un elemento fundamental de la acción educativa. No basta con la ternura porque, a veces, la ternura destruye en lugar de impulsar el crecimiento y porque ternura no equivale a competencia. Tiene que darse un proporción precisa de amor y de competencia. De ternura y de exigencia. De sentimiento y de voluntad. De sentir y de saber. Hace falta desarrollar una elevada capacidad profesional para intervenir con éxito en el desarrollo de las personas con especiales necesidades. Ser competentes es una exigencia decisiva en cualquier campo profesional pero, especialmente, en éste.

Conocía esta historia. Y ahora la vuelvo a ver escrita en el libro de Enrique Mariscal “Cuentos para regalar a las personas que aman”. Es una historia llena de sensibilidad y de significados. Me pregunto por la autoría de los cuentos. ¿Quién los ha creado? Son el fruto de la sabiduría popular. Ruedan y ruedan de libro en libro, de boca en boca, de conversación en conversación.

Un niño se detuvo al leer el cartel “Cachorros en venta”. Se sabe que esta clase de anuncios siempre atrae a los chicos. Pronto el pequeño entró y preguntó:

- ¿Cuál es el precio?
El vendedor, distante, contestó:
- Entre 30 y 150 pesos.
El pequeño lo miró absorto, metió la mano en el bolsillo y sacó unas monedas.
- Sólo tengo 2.50 pesos. ¿Puedo verlos?
El hombre silbó y de la trastienda salió una perra corriendo seguida por cinco crías. Una de ellas se quedó muy atrás. El chico observó el perrito rezagado que cojeaba y, emocionado, preguntó:
- ¿Qué le pasa?
El vendedor le explicó que había nacido con la cadera defectuosa y que caminaría mal por el resto de su vida. El niño no se lo pensó. Fue determinante:
- ¡Quiero ése! Es el cachorro que quiero comprar.
Entonces, el hombre replicó:
- No vas a gastar en ese perro; si realmente lo quieres, yo te lo regalo.
El chico se disgustó y, mirando al hombre directamente a los ojos, le dijo:
- No quiero que usted me lo regale, él vale tanto como sus hermanos y le pagaré el precio completo. Le voy a dar mis 2.50 pesos cada mes hasta que lo haya pagado todo.
El hombre contestó:
- No querrás comprar ese animalito, hijo. Nunca será capaz de correr, de saltar ni de jugar como los otros.
El pequeño se agachó y, levantando su pierna derecha torcida e inutilizada, soportada por una aparato de metal, dijo:
- Yo tampoco puedo correr muy bien y él necesita a alguien que le comprenda.
El hombre, emocionado, sonrió y dijo:
- Espero que cada uno de estos perritos tenga un dueño como tú.
El niño se había enamorado de nuevo. El cachorro creció espléndido y orgulloso de su digno dueño.
Ahora el comprador se ha transformado en un joven deportista. Se le suele ver cuando camina todas las mañana por los bosques de Palermo acompañado siempre de un hermoso ejemplar canino.
Si uno los observa detenidamente puede percibir en los dos una ligera dificultad al afirmar las piernas en la hierba.
Ambos, en silencio, dicen con su armoniosa compañía que un verdadero amigo es aquel que llega cuando el resto del mundo se ha ido. También lo descubrirás cuando al cogerte de la mano consigue tocarte el corazón.

La determinación que impulsa al protagonista de esta historia a elegir al cachorro con problemas es la que lleva a las personas a trabajar con los discapacitados y las discapacitadas.

- ¡Quiero ése!

Es probable que los logros sean más lentos, menos deslumbrantes, pero estoy convencido de que serán más reconfortantes. Hace falta competencia profesional, decía más arriba. También hace falta voluntad y persistencia. Las prisas son malas consejeras en educación. El árbol hace menos ruido al crecer que al caer. Cada persona marca los ritmos, marca los plazos.

No tiene mucho sentido plantar hoy por la tarde una semilla de manzano en el jardín y acudir mañana con una cesta para recoger las manzanas. Sería un error desalentarse. Sería una estupidez abandonar la semilla a su suerte por considerarla, por ese hecho, de mala calidad. Paciencia. Tranquilidad. Perseverancia. Ya irá creciendo. Pero, mientras tanto, hay que regar y abonar y podar y proteger al manzano de plagas y tempestades. Habrá frutos, pero no aparecerán por arte de magia.

In El Adarve

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