segunda-feira, 9 de março de 2009

A realidade educativa nas salas de cinema

O artigo semanal de Miguel Ángel Santos Guerra de 7 de Março de 2009 reporta-se à película "Entre les murs". Um filme e um artigo que vale a pena ler, particularmente para os interessados em questões sobre educação, entre elas, potencialidades e limitações dos sistemas de ensino, clima de escola, etc.


La mezcladora social


Acabo de ver la película francesa “La clase”, dirigida por Laurent Cantet, que ha sigo ganadora de La Palma de oro del Festival de Cannes de 2008 y que fue propuesta este año para el Oscar a la mejor película extranjera. Es la adaptación cinematográfica del libro del mismo título cuyo autor (y protagonista de la película, es Francçois Bégaudeau. Las traducción española del título no es muy precisa, ni lingüística ni conceptualmente, ya que el libro se titula en francés “Entre les murs” (“Entre los muros”). Y los muros hacen referencia no sólo a la clase, sino al instituto de las afueras de París donde se desarrollan los hechos.

Me gusta que el cine, la televisión y la prensa se ocupen y se preocupen de la educación. No sólo para hablar de los escándalos, de los conflictos y de las indudables limitaciones que el sistema educativo tiene. Me gusta que los medios se dediquen a reflexionar, a discutir, a investigar, a proponer soluciones. Es bueno que no se considere la adolescencia como una etapa de estupideces sino de oportunidades. Es mejor que no se considere a los adolescentes como energúmenos o como retrasados mentales sino como personas llenas de vida y de inquietudes.

Describe la película, (con un excelente manejo de la cámara que usa y casi abusa de los primeros planos y de los planos detalle) la vida de un instituto francés durante un curso escolar. En él, un conjunto de profesores y profesoras bienintencionados trabajan llenos de buenos propósitos y de algunos inveterados vicios.

Es una buena película, alejada de esas cintas americanas (Mentes peligrosas, El Rector…) que nos muestran a los adolescentes como salvajes a quienes pretenden domar unos héroes que están a medio camino entre Superman y Mazinger Z. La película tiene una fuerte dimensión documental y está alejada de los tópicos más manidos y de las perspectivas melodramáticas de otras cintas sobre la escuela, al estilo de El club de los poetas muertos. Se trata de una hermosa película, porque refleja con acierto, con sinceridad, sin tapujos, sin melindres, la vida de un instituto, la dinámica de una clase de francés cuyo profesor es un profesional que lucha cada día por enseñar a su grupo de alumnos y alumnas adolescentes la gramática de Molière.

El libro del que procede la película ha tenido un extraordinario éxito en Francia (se han vendido más de 200.000 ejemplares) y ha sido traducido a más de quince idiomas. Le fue concedido el premio Culture-Telérama 2006. Lo que no me ha gustado es su traducción al castellano. Una traducción muy pedestre, escasamente fiel y muy poco elegante.

El autor del libro y protagonista de la película, François Bégaudeau, hace un buen trabajo como actor. El papel que desempeña es el de un profesor de lengua francesa, joven, entusiasta, preocupado por el aprendizaje de sus alumnos y alumnas. Un aprendizaje que va más allá de la gramática y de la sintaxis. Le preocupa también la formación de los estudiantes, su auténtica educación, incluido el cultivo de las formas como muestras de respeto.

Los alumnos y alumnas son adolescentes que atraviesan una etapa crucial de la vida, en la que han dejado de ser niños y todavía no han alcanzado la edad adulta. El conglomerado de estudiantes es variopinto. Negros y blancos, chinos y europeos, franceses y norteafricanos, chicos y chicas, creyentes y agnósticos. La escuela es “la gran mezcladora social” como dice Phillip Roth en “El animal moribundo” (libro que también tiene como protagonista a un profesor, en este caso universitario). La escuela es un lugar especialmente adecuado para educar en la convivencia. No sólo porque tiene una enorme diversidad de estudiantes. Sino porque estos conviven con adultos que están especializados en la tarea de enseñar.

Una de las cuestiones que, como no podía ser menos, centra la atención del director de la película es la convivencia. No me gusta cómo resuelve el claustro de profesores y profesoras el caso de un alumno conflictivo. No me gusta esa solución que consiste en expulsar a quien resulta problemático. Es como si los responsables de un Hospital decidiesen echar al enfermo más necesitado de auxilio sanitario

Me gusta que se vea la dinámica del centro desde la perspectiva del profesorado. Que se muestren sus preocupaciones, inquietudes, angustias, problemas, emociones y sensaciones de fracaso…Me parece estupendo que se refleje ese con naturalidad ese microcosmos que es una institución educativa. Los profesores y las profesoras no son máquinas de enseñar sino personas que tienen su vida privada y sus dudas, conflictos y tensiones.

“Empezamos a trabajar con los alumnos en noviembre de 2006 y seguimos con ellos hasta el fin del año escolar. Organizamos talleres abiertos los miércoles y los jueves. Cualquiera podía participar si le apetecía. Contando a los que sólo vinieron una vez, vimos a unos cincuenta alumnos. La clase de la película está formada casi en su totalidad por los que asistieron durante todo el año”, dice Laurent Cantet .Y añade: “Aprendimos a conocerlos y descubrimos lo que podían aportar a los esqueletos de los personajes que les proponíamos.. Los personajes del guión inicial, que sólo existían en la medida de las situaciones que podían provocar, empezaron a tomar forma”. “Además de tener una gran facilidad para improvisar, también eran capaces de volver a interpretar una escena con total exactitud y con la misma naturalidad que durante la primera improvisación”.

Bégaudeau participó en todos los talleres durante el año de preparación de la cinta: Se nota que la película está trabajada, precisamente porque hay mucha espontaneidad y poco artificio.

Bienvenida una película que nos ayuda a comprender lo que pasa en las instituciones educativas. Ojalá sirva para destruir tópicos, para descubrir la complejidad y para comprometernos con la educación. De una manera más inteligente y más apasionada.

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