sábado, 7 de junho de 2008

Da Felicidade

Aqui fica o excerto semanal do artigo do Miguel Santos Guerra. Uma reflexão fascinante. Um convite à interioridade. Leitura integral obrigatória (clique no título do artigo).

La casa gris – (7.6.2008)
Cuántas veces nos sentimos insatisfechos, disconformes, quejosos y, en definitiva, tristes, porque no sabemos valorar aquello que tenemos. Sólo cuando perdemos algunos de esos maravillosos bienes que poseemos (por ejemplo, la salud) reparamos en lo felices que podríamos haber sido cuando lo teníamos.

También suele ser fuente de infelicidad lo que otros tienen o aparentan tener. Muchas veces pensamos que si fuéramos tan ricos o tan guapos o tan listos o tan fuertes o tan altos como…, entonces sí seríamos felices. Pero ni siquiera sabemos a ciencia cierta si los otros están felices por ello. El arco iris sólo se ve sobre la casa del vecino, no sobre la propia.
(…)
Nos sucede muchas veces. Mientras somos jóvenes añoramos las etapas de la vida en las que podremos disponer de libertad y de dinero. Mientras tenemos trabajo anhelamos la tranquilidad de quien ya está jubilado y puede pasear tranquilamente al atardecer. Si no tenemos trabajo envidiamos a quien cada mañana se levanta para acudir a la fábrica. No valoramos aquello que tenemos. No sabemos apreciar aquellos bienes de los que podríamos disfrutar si fuéramos inteligentes. Porque en eso consiste precisamente la inteligencia: en saber ser felices.
(…)
¿Cómo no van a añorar los días de paz aquellas personas que están inmersas en una guerra sangrienta, prolongada y absurda? Sin embargo, cuando estaban en paz, apenas si saboreaban la felicidad de una convivencia sin conflictos.

¿Por qué no es plenamente consciente el propietario de la “casa gris de cada hora vivida e la maravillosa casa que posee? ¿Por qué es necesario que alguien le haga caer en la cuenta de que vive en un lugar maravilloso? ¿Por qué no sabe ser feliz?

Aprender a ser feliz es, en definitiva, la gran tarea de la vida. Por eso resulta tan sabia aquella historieta judía: Un hijo manifiesta a su padre su deseo de casarse con la señorita Katz. El padre se opone, porque la señorita Katz no aporta nada. El hijo replica que sólo será feliz si se casa con la señorita Katz. El padre le dice: Ser feliz, ¿y de qué te servirá eso?
(…)

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