domingo, 25 de maio de 2008

Podemos ser melhores?

A minha resposta: SIM. Não só podemos SER MELHORES, como podemos SER BONS. Está nas nossas mãos, como diria Miguel Santos Guerra (24.5.2008). Está nas mãos de todos os educadores, pais, professores... Transmitir valores não é coisa do passado! Aqui ficam excertos de mais uma brilhante reflexão sobre questões de Educação & Pedagogia.
Para ler o texto integral (clique no título do artigo).


El caso es fastidiar

Habrá reparado el lector en esa curiosa habilidad que tienen algunas personas para incordiar al prójimo. Parece que sólo disfrutan cuando hacen daño. Si son jefes, procuran que los súbditos vivan angustiados y temerosos. Si son colegas, intentan buscar aquellas situaciones o aquellas palabras que tengan alguna arista. Si son cónyuges, hacen lo posible para que la hostilidad presida la convivencia. Si son profesores o profesoras, consiguen fácilmente que sus alumnos se sientan incómodos. Si son policías, disfrutan poniendo multas…
Este tipo de personas poseen una increíble capacidad para rebuscar la mejor forma de incordiar y para encontrar el resquicio a través del cual hacer una herida.
(…)
Cómo se puede evitar esta dañina actitud que hace la convivencia incómoda y dolorosa? ¿Cómo se puede cultivar la actitud contraria, que se asienta en la bondad y en la empatía?
En primer lugar, presentando a las personas modelos de civismo, de respeto, de solidaridad y de empatía. Hay que acabar con esas imágenes televisivas (o parlamentarias) en las que florece el insulto, la calumnia y la maldad. Hay que conseguir que no se confunda libertad de expresión con libertad de agresión. En segundo lugar, hay que mostrar (y demostrar) a los niños y a las niñas, a través del ejemplo de los padres, familiares, profesores y adultos en general que conviven con ellos y ellas,. que es posible mantener relaciones basadas en el respeto y en el afecto. No hay forma más bella y más eficaz de autoridad que el ejemplo. En tercer lugar, hay que habituarse a pedir disculpas cuando obremos agresiva o descortésmente, cuando hayamos sido desconsiderados o poco delicados en el trato con los demás. En cuarto lugar, hay que insistir en que la convivencia sólo es posible desde el respeto al prójimo y desde la comprensión, la solidaridad y la compasión con los más débiles. En quinto lugar, hay que felicitar a los niños cuando se comporten bien con los demás, cuando sean capaces de ayudar y de ser generosos. No se trata sólo de corregir y de castigar cuando se hacen mal las cosas. En sexto lugar hay que educar los ojos para ver lo que hay de bueno en las personas, para descubrir a quienes tienen esa maravillosa actitud de la empatía.
Alejandro Spiegel, amigo y escritor argentino, ha publicado un hermoso libro titulado “Héroes invisibles”. El subtítulo aclara sus pretensiones didácticas: “Historias de la vida cotidiana para educar en valores”.
(…)
Esas personas de la vida cotidiana que hacen un acto heroico, no buscan la fama, no quieren dinero, no persiguen recompensa alguna. Les mueve la generosidad. Los actos heroicos tienen sentido en sí mismos, sin que sea necesario que alcancen el éxito que perseguían. Los héroes invisibles se convierten en un excelente recurso didáctico. Los héroes provocan admiración y son un excelente estímulo. El autor del libro sugiere que la metodología del trabajo con héroes invisibles recorra pasos diversos: la búsqueda de esos héroes (en la vida, en la prensa, en la televisión…), la escritura reflexiva sobre sus acciones, su introducción en el aula, el análisis dialogado sobre su contexto, sentimientos y finalidades…
Qué estupendo sería que, en lugar de devanarnos los sesos para ver cómo hacer daño a los demás, nos habituásemos a pensar en cómo hacerlos más felices. Está en nuestras manos.

Nota: Os negritos no texto são meus.

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