sábado, 16 de fevereiro de 2008

O Valor dos Saberes


O início e o fim do artigo semanal de Miguel Santos Guerra (16.2.2008). Um texto que nos faz reflectir, entre outras coisas, sobre o valor dos saberes que são ensinados nas escolas. Talvez fosse necessário um grande debate em torno desta problemática e com todos os actores (principalmente professores e alunos), para percebermos até que ponto são úteis e pertinentes, um conjunto de conteúdos, saberes, que constituem o corpo programático das várias áreas disciplinares. E podíamos ainda ir mais longe na reflexão e interpelarmo-nos sobre o que é mais importante: (1) um aluno estudar 15 áreas curriculares anuais diferentes, estudar pouco e pela rama de muito ou (2) um aluno estudar aprofundadamente menos áreas do saber e compreender a transversalidade do currículo e as interacções numa visão holística do conhecimento? Do meu ponto de vista, é incomportável, alunos no 3ºCiclo gerirem 15 áreas diferentes e compartimentadas como actualmente funciona. Como podemos exigir que eles encontrem sentido ou significados para as suas aprendizagens? Motivados e interessados... Missão quase impossível. Nunca um currículo do ensino básico deveria comportar mais do que 6-8 áreas curriculares anuais. Os resultados seriam visíveis: menos dispersão de disciplinas permite um estudo em profundidade, um maior empenhamento, uma concentração de esforço, um trabalho mais profícuo e, naturalmente, um maior domínio do conhecimento e mais sucesso educativo (verdadeiro).
Deixo o perfil do desempenho profissional docente para uma posterior reflexão. Fiquemos com a opinião de Santos Guerra sobre esta matéria.

Los cínicos no sirven para este oficio

“Me preocupan los criterios que se utilizan para seleccionar los conocimientos que hay que transmitir en la escuela. Y me preocupa más la actitud de los profesionales que tienen que realizar esa compleja, difícil y delicada tarea. Una de las que considero más detestables es la actitud cínica de quienes ridiculizan a los alumnos que no aprenden o que lo hacen a un ritmo lento o irregular. ¿No hay muchas cosas que esos profesores y profesoras no saben? ¿No podría ridiculizarles un sabio por la crasa ignorancia de que hacen gala en algunas parcelas del saber? ¿Qué mérito tienen respecto a los alumnos salvo el de haberles precedido en la inmensa caravana de la historia? Es más que probable, por simple estadística, que algunos de esos alumnos que están pacientemente sentados delante del profesor le superarán en conocimientos y destrezas. Sólo falta tiempo. Y algunas oportunidades. El conocimiento académico tiene (o mejor dicho, debería tener) valor de uso. Es decir que debería ser útil para vivir, para comprender el mundo, para trabajar, para ser feliz… Esto es más que discutible, al menos por lo que respecta a algunos saberes que se enseñan y aprenden en la escuela. Y tiene también un indiscutible valor de cambio. Es decir que a quien demuestra haberlo adquirido se le concede una calificación de aprobado, notable o sobresaliente. Me pregunto muchas veces cuántos y quiénes están en la escuela por el valor de uso del conocimiento que se imparte en ella. Y cuántos por el valor de cambio que supone contar con una acreditación.
(…)
Para ejercer el oficio de la enseñanza hacen falta humildad, paciencia y compromiso. Hago válido para los docentes el título del libro que el gran reportero polaco Ryszard Kapuscinski dedica a reflexionar sobre los periodistas: “Los cínicos no valen para este oficio”. El se refiere a los periodistas. Pienso que tiene plena validez referido a los educadores. A esos profesionales displicentes, autoritarios, despectivos les viene como anillo al dedo la definición que Oscar Wilde hace del cínico: “Una persona que conoce el precio de todo y el valor de nada”. ¿No podrían ser un poco más humildes?”

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