domingo, 2 de dezembro de 2007

Mitos ou maldição educativa?

Mais um artigo de opinião de Miguel Santos Guerra que vale a pena ler. Aqui fica um excerto:
El niño trofeu

(…) Hoy me quiero ocupar de la otra cara de la moneda. De una moneda falsa que circula por la educación. Se trata de la exigencia desmedida que obliga a una persona a realizar un sueño imposible. El sueño de otro que se le impone como una condena. Hablo del niño trofeo, del terrible “síndrome del niño prodigio”. Un niño que se convierte en el protagonista involuntario de una pesadilla. (…)
(…) La expectativa desmedida de otra persona le obliga a ir de mentira en mentira, de fracaso en fracaso, de desastre en desastre. El proyecto de su vida no lo hace el interesado sino otra persona que pone en él tantas esperanzas, tantas ilusiones, tantas exigencias, tanto orgullo, tantos sueños imposibles que convierte la vida del otro en un triste fiasco, en la sombra maldita de sus sueños inalcanzados.

Las causas de esta demanda, de esta exigencia, de esta expectativa exagerada es, quizá, una frustración sobre la propia vida. (Ya que yo no he podido llegar a nada, quiero que mi hijo, mi amigo, mi alumno, llegue a donde yo no he podido llegar). Otra posible causa es un mal diagnóstico, un diagnóstico equivocado que se cuelga del cuello del niño o del joven obligándole a acomodarse a lo que otros han pensado que puede y debe alcanzar. Una tercera causa puede estar en la pretendida satisfacción que genera en los padres, por ejemplo, el hecho de tener en casa un genio. Hay quien se cree a pie juntillas aquel engañoso dicho: “de tal palo, tal astilla”.

Está bien que se exija a cada uno en la medida de lo que pueda conseguir, pero hay que ser extremadamente cuidadosos con lo que se exige. En primer lugar porque los diagnósticos son relativos, no absolutos. En segundo lugar porque las personas atraviesan fases de una enorme variabilidad. Cuando se coloca a un niño la etiqueta de “superdotado” se está creando un estereotipo peligroso.

Por eso la educación es una tarea de gran dificultad y a la vez de gran responsabilidad y de gran riesgo. Los diagnósticos son como fotos que se obtienen en un momento determinado. Pudiste salir con la boca torcida o con un gesto sublime que no se corresponde con la realidad de la cara. Convertir esa foto en un destino que condiciona toda la vida del individuo es un error que mucha gente ha pagado muy caro.

(…) (ler o texto integral)

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